miércoles, 31 de agosto de 2011

PISCINAS IMPROVISADAS


Por Eugenio Taveras...Los países tropicales nos brindan la oportunidad de que en cualquier época del año podemos darnos un chapuzón en cañadas, arroyos, ríos, lagunas, lagos y mares que la naturaleza pone a la disposición de todos, los cuales se encuentran a todo lo largo y ancho del territorio, a los que llegamos, con algunas excepciones, y disfrutamos de su frescura.
 
En estos tiempos de calor se da una modalidad, ya vieja en el ambiente, que consiste en colocar una cosa llamada piscina improvisada, fabricada de plástico en diferentes tamaños, donde niños, jóvenes y adultos se introducen a refrescarse por largo rato en un mismo charco de agua sin reciclar, tomada de la tubería, sin más aditamento que la pobre calidad que pueden ofrecer sus manejadores al público consumidor, con el pretexto de que la temperatura se torna insoportable, inocentes o no de que pueden pescar una enfermedad de fatales consecuencias.

¿Conoce usted el peligro a que se atiene cuando comparte ese estrecho lugar, en el cual se intercambian todo tipo de virus y bacterias desprendidos y expulsados de cada cuerpo en cantidades millonarias?, ¿Sabe usted de qué padece el otro, cuando ni usted, en la mayoría de los casos, conoce de los males internos y externos que padece, por dejadez, por falta de dinero para pagar una consulta o por miedo a conocer la verdad de sus dolencias?

Las piscinas con sistema de reciclaje automático y a las cuales le suministran desinfectantes constantemente, también constituyen un riesgo para la salud humana, convirtiéndose en una bomba de tiempo cuando muchos modernistas se hacen acompañar de perros durante el disfrute del baño.      

La preservación de la salud debería ser prioridad uno en las actuales circunstancias en que cualquier enfermedad cuesta un ojo y la mitad del otro; por lo que debemos pensar bien a la hora de darnos un gustazo que pueda convertirse en un trancazo e ir a parar a la emergencia de una clínica u  hospital y vivir la triste realidad que muchas veces desconocemos, pero que provocamos.
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